…, dijo el profe canoso de mejillas y nariz rosadas y abrió las manos como si fueran a salir de las palmas pañuelos de colores. Y los estudiantes, incrédulos, se quedaron un par de segundos atentos a aquella circunferencia insípida en el centro de la pizarra.

-Esto es… ¡un periodista!… Y en medio de risas desorientadas, aquel círculo empezó a dividirse en fragmentos y a crecer. Y junto al periodista, apareció la sociedad, y el pensamiento, y las agendas de país y las esperanzas…

Julio es un decano de esperanzas, ahora lo entiendo bien. Porque sólo la esperanza rescata sonrisas en los momentos graves, sólo la esperanza puede sobreponerse a la soberbia o a la nostalgia, y sólo la esperanza hace que un beso en la frente sea el saludo de un maestro para sus muchachos, y sea, al mismo tiempo, el mejor consejo o el más acertado regaño.

Julio nos besaba la frente, o nos posaba sus manotas en la cabeza cuando entraba en la mañana por el Departamento apretado de la Casa de G, y con su gesto dejaba un cariño imperceptible, casi un agradecimiento.

Julio nos tiraba fotos todo el tiempo y nadie tiene más imágenes guardadas de los años más nobles de la Facu. -Profe, tírenos la foto de la asistencia-, le decíamos cada 1ro de Mayo, y cada 1ro de Mayo, o reunión, o conferencia, quedó registrado en su camarita y en nuestros recuerdos.

Julio se asomaba a nuestras conversaciones y sonreía ampliamente con las travesuras estudiantiles. Y a veces, en medio de los encuentros rutinarios de los viernes, salvaba la letanía con una frase entrecortada,  pero vívida hasta despertarnos en una carcajada colectiva.

Y Julio, que es él mismo la esperanza, ama profundamente la Facultad. Creo que todo cuanto hizo, dijo, resistió, calló, construyó y advirtió, fue en nombre de un compromiso con la formación de periodistas que nunca llegamos a calibrar del todo. Y ama a Cuba, y a su nieta pequeña,  a su familia, y a sus compañeros de años, a sus estudiantes.

La muerte es un golpe durísimo en cualquier caso, pero la muerte de Julio tendrá que ser sólo un intento fallido… La esperanza no descansa, no se vence, la esperanza es la más efectiva prueba de resistencia, es, por tanto, la más clara prueba de vida.

Hay un libro de Raúl Ferrer titulado “El retorno del maestro”… quiero aferrarme a ese regreso… Un día de estos, estoy segura, volverá el Dequi, tendré tiempo para besar su frente y agradecer…

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