Tendré que acurrucarme en los más hondos recuerdos de mi infancia para espantar la soledad del niño que vive en mí (Rafa).

En-una-palangana-vieja

Esta palangana, ustedes ya lo saben, vive en mi casa de Alamar. Es una palangana vieja como cualquier otra palangana en un patio, parece abandonada, hasta que florece… Mi madre la sembró hace algún tiempo porque las madres, ustedes también lo saben, son criaturas distintas, son capaces de adelantarse a cualquier circunstancia, son capaces, incluso, de construir, de hacer verdad una canción.

En una palangana vieja como esta se quedaron todas mis palabras y pensamientos el 11 de noviembre del 2013. Quería escribir, no podía. Quería ver a mis amigos, había poco tiempo y casi pocos amigos… Quería cantar, pero se me había perdido la niña de serenatas encima de la mesa del comedor y se me habían ido las guitarras familiares. No sé dónde están. Quería hasta llorar, y las lágrimas, hasta eso, se han endurecido

El lunes murió la abuela-de-la-guitarra. Se fue. Y decirlo apenas dura unos segundos: Murió en La Habana Teresita Fernández… A mí se me posó aquí cerca un miedo, un susto tremendo, un silencio sombrío, la impotencia y, también, la rabia. La muerte de Teresita vino a sacudirme cualquier esperanza, cualquier ilusoria sensación de resguardo, la mínima tentativa de sobrevivencia. Es la soledad, claro. Si muere Teresita, entonces el camino irreversible es la soledad… Leer el resto de esta entrada »

…nunca pasa nada, o bueno, pasa todo. Depende de algunas decisiones básicas: subirse a la guagua o a la botella; desistir y caminar largamente por el costado del Cementerio de Colón; pagar los 10 CUP y subirse al “carromato”.

Luego, otras decisiones “menores”: dar los buenos días, ponerse las gafas y mirar lejos por la ventanilla, ponerse los audífonos y pensar unos 15 minutos que eres parte de un video clic, y que esa que estás viviendo no es otra mañana más…

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Como la clase era temprano apreté el billete en mi puño, saqué la mano: ¿Llega a 23 y G? Y me subí. El chofer iba rápido, jugando a ser ligero. Hablaba con las mujeres del asiento delantero, hablaba alto, con un entusiasmo raro.

Adelantó varias cuadras y dio un giro brusco a la derecha. Alcancé a ver un policía de moto-y-esquina, y detrás, como escondiéndose, un anciano delgado con el rostro de la última tensión. Un poco más allá un taxi amarillo-negro, de los no-almendrones. Leer el resto de esta entrada »

…El cansancio… ¿es un derecho? ¿Lo es el vencimiento? Esta necesidad de ir y venir como dando explicaciones, como disculpándose, como aceptándose medio inútil, animal sin sueños ni futuro, ¿es real?, ¿puede pasar a veces?

La sensación de un vivir fuera de espacio-tiempo, de no-vivir, estos palos posados en la espalda, inmóviles, ¿quién los mueve?, ¿cuándo?

Cómo se exige la necesidad del detenimiento, de la demora, de caminar tardíamente, seguir sin llegar a… ¿Se puede pedir comprensión para el agotamiento y la amargura? ¿Es posible imponerse en una lucha por el respeto a lo que no se puede dejar de ser, a lo que no se quiere dejar de ser?

Tengo acá cuatro poemas de cansancios. Por primera vez, ninguno me sirve. Ninguno dice lo que soy. Ni esta palabra me alcanza para tanto “perder el rumbo”.

Tengo, por ahora, una estación enterrada, no se va. Y me pregunto todos los días si tengo el derecho, si debo preguntármelo siquiera…

Entiendo, sin embargo, que hay mil modos de pasar, de arropar, de domesticar, o de abandonar el cansancio. ¿Podría, al menos, perdonarse el instante para ese hallazgo?

…fue entre la coordinadora de un taller en un pequeño lugar de la más vieja de las Habanas, y uno de los adolescentes involucrados. Los estudiantes llevaban algunos días de sus vacaciones aprendiendo fotografía, realizando entrevistas radiofónicas, construyendo relatos de lo que ven y lo que son… Y en esa sed de aprendizaje:

-Profesora, ¿qué es lo que se estudia en su escuela?

-¿En mi escuela?!, bueno, en la Facultad se estudia Periodismo, Comunicación Social, Ciencias de la Información…

-Ah… pero alguien dijo que se estudiaba algo que era como el periodismo con una computadora?

-¿?!… bueno, sí, se estudia Periodismo Hipermedia, que está relacionado con el periodismo en Internet, tiene mucho que ver con las tecnologías…

-Mmmh, profe, ¿usted no me puede traer Internet uno de estos días?, para verlo…

[regalo de amiga-duende en tiempos de no-vacaciones]

…que no se puede nombrar o clasificar, ni siquiera ubicar con precisión, que te salva de todo desarraigo. Pasan los años y en algún instante raro explota, y te conquistan unas cuantas imágenes, regresan nombres olvidados, escenas, olores perdidos, lugares, cierta paz.

Con la alegría desbordada casi siempre se queda una paz, como un retorno a algún equilibrio extraviado, un volver a ser íntegro, a encontrarte después de un viaje intenso… de huidas fecundas y refugios inesperados.

Yo había estado en el Sandino cuando niña. Temo demasiado a las multitudes, me asustan las emociones cargadas y los gritos de un graderío agresivo… pero yo cuando niña había estado, con mi papá y mi mamá, en el Sandino de Santa Clara. Y han pasado, uff, más de 10 años sin regresar. Más de 10 años “sin” sentir la necesidad de volver. Hasta ayer y esta mañana, que algo mío, muy mío, no está aquí, en esta capital tan mía como ajena. Algo está allá, en la Ciudad bella sin mar, y allá se quedará… Leer el resto de esta entrada »

[...y con ellos, toda la colaboración cubana en Venezuela]

(carta abierta de blogueras y blogueros cubanos)

Hace apenas unas horas hemos conocido por amigos residentes en Venezuela, cooperantes cubanos, medios de comunicación de la isla y por la cadena multiestatal Telesur que más de una docena de Centros de Atención Médica ha sido atacada por parte de miembros de la oposición venezolana.

Como blogueros y blogueras cubanas condenamos las acciones violentas de cualquier naturaleza e instamos al pueblo venezolano a velar por la vida de nuestros médicos, cuya única labor en esa nación ha sido la de salvar  vidas en los sectores más pobres y vulnerables y devolver la salud a millones de pacientes. Leer el resto de esta entrada »

… siempre fue social. Amparo vive en la planta baja con su esposo, su hija adolescente y un gato indomable que parece capaz de llegar al cuarto piso y colarse en el apartamento de Diana, cocinera profesional y repostera aficionada que reparte olores de canela y vainilla según los cumpleaños del mes o la necesidad económica.

Cuando hay pelota, las puertas se abren y los ecos de radios y televisores aumentan cada vez. Y si el juego es el clásico Industriales VS Santiago, entonces los vecinos se arman con cacerolas hasta que hay un ganador –todo escándalo y alarde- y un perdedor –silencios y rencores a puertas cerradas-.

Es un edificio común, raído de tantos años y tanto mar; necesitado de reparación capital desde su terminación, grisáceo y solitario como todos los edificios de aquella Habana del Este que llaman Alamar. Una fachada llena de arquitexturas, enrejados multicolores, puerteas y ventanales de madera desafiadas por  marcos de aluminio, acrílicos del siglo XXI y cristales oscuros que roban balcones e inauguran dormitorios o salas pequeñas. Leer el resto de esta entrada »

…muy honesta, que nació en una lomita que llaman “Ojo de agua”, rebuscando entre sobres y álbumes viejos. Abre y cierra carpetas manchadas, tira a un lado imágenes de la infancia, fotos de familia, asambleas de protocolos en países lejanos… Y saca, con sonrisa a medias primero, con mueca sostenida después, una inmensa postal, rojísima, con listas tricolores. La abre y me la muestra en silencio. Y viéndome mirarla despacio, pide y ordena: Mira, como diciéndo mírala más, mírala otra vez, encuentra lo que en ella habita.

Es una foto común, más común de lo que cabría juzgar. Todas las pantallas del mundo tienen esa foto. Casi todas las personas de América Latina tienen la foto. Venezuela es la foto. Pero el gesto medio instintivo de desenterrar la imagen de aquella gaveta, el gesto medio egoísta de buscarse a uno mismo, es otra cosa si se sabe que esa mujer es madre y esposa, y nació en una loma poco sublime, y tiene edad de isla, poco más de medio siglo, es como decir que tiene padecimientos, nostalgias, caprichos, utopías de isla. Leer el resto de esta entrada »

…Es importante que entiendas la necesidad de parar… Tú no llueves igual que otras ciudades. Y lo sabes. No es una solicitud. Es una orden. Inmediata.

Si llueves, la gente empieza a caminar en cámara lenta. Ya lo hemos hablado. Y aquí se cuela un silencio desproporcionado con las horas de la tarde. Dejan de pasar los carros, no suena el teléfono. Nadie te (nos) reclama, y comienzan a postergarse los sucesos urgentes del día.

En aquel parque postaldeinvierno un amigo se pierde entre fotos y fangos para buscar un oso rosado… y los te quiero hacen mella cuando llueves, porque terminas tú siendo más fuerte que cualquier otra certeza. Leer el resto de esta entrada »

…, dijo el profe canoso de mejillas y nariz rosadas y abrió las manos como si fueran a salir de las palmas pañuelos de colores. Y los estudiantes, incrédulos, se quedaron un par de segundos atentos a aquella circunferencia insípida en el centro de la pizarra.

-Esto es… ¡un periodista!… Y en medio de risas desorientadas, aquel círculo empezó a dividirse en fragmentos y a crecer. Y junto al periodista, apareció la sociedad, y el pensamiento, y las agendas de país y las esperanzas… Leer el resto de esta entrada »

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